El deporte y el ejercicio podrían tener un efecto protector contra el COVID-19

En relación con esta pandemia de COVID-19 es tal la cantidad, diversidad y polémica de las fuentes de información disponible que resulta cruelmente difícil para nosotros los “ciudadanos comunes” saber qué decisiones pueden ser más o menos acertadas. ¿Acertadas para qué? Pues, nada más y nada menos que para sobrevivir.

La mayoría de las indicaciones “preventivas” se centran en tareas o acciones que debemos realizar con el fin de evitar el contagio: usar tapabocas, distanciamiento entre individuos, desinfección de elementos, espacios y superficies, entre otros. Incluso, la información en relación con dichas medidas es aún más controversial.

Así las cosas, habiendo pasado más de un año desde el inicio de este evento que ha afectado a todo el globo, son pocas las fuentes de comunicación que se centran en hablar de la prevención que tiene que ver con, llegado el caso de contagio, qué “variables preventivas” pueden afectar el desenlace de esta situación de forma más o menos favorable. Y, es claro que, ha pasado un tiempo más que prudencial para el menester de abordar este tema.

Las infecciones virales respiratorias, como el síndrome respiratorio agudo severo coronavirus 2 (SARS-CoV-2), provocan una respuesta inflamatoria sistemática que supone una carga sustancial sobre el sistema cardiopulmonar 1. Una mayor aptitud cardiorrespiratoria (Ej. capacidad de ejercicio) refleja una mayor reserva cardiopulmonar y la capacidad del cuerpo para responder a una agresión, e inversamente está relacionado con el riesgo de resultados adversos entre las personas diagnosticadas con una enfermedad crónica 2,3.

El fitness (o aptitud física) está moderado por la edad, la genómica y la presencia de enfermedades crónicas, y está fuertemente influenciado por la actividad física, especialmente el ejercicio estructurado 3. Además de mejorar la condición física, el entrenamiento con ejercicios cardiorrespiratorios (Ej. de tipo aeróbico) mejora la función inmunológica, reduce la inflamación crónica de bajo grado y reduce el riesgo de infecciones respiratorias 4,5.

Una declaración científica de la American Heart Association 3 indica que:

  • La creciente evidencia ha establecido firmemente que los bajos niveles de aptitud cardiorrespiratoria (CRF / cardiorespiratory fitness) están asociados con un alto riesgo de enfermedad cardiovascular, mortalidad por todas las causas y tasas de mortalidad atribuibles a varios cánceres.
  • Un creciente cuerpo de evidencia epidemiológica y clínica demuestra no solo que la CRF es un predictor de mortalidad potencialmente más fuerte que los factores de riesgo establecidos como el tabaquismo, la hipertensión, el colesterol alto y la diabetes mellitus tipo 2, sino que la adición de la CRF a los factores de riesgo tradicionales de manera significativa mejora la reclasificación del riesgo de resultados adversos.

Documentos más recientes han sugerido que, la prevención de la obesidad en primer lugar, y especialmente su progresión a formas más graves, es una necesidad desesperada para futuras pandemias, así como para la prevención primaria y secundaria de la diabetes mellitus y las enfermedades cardiovasculares. Indicando que, en esta pandemia de COVID-19, los médicos deben reconocer el marcado aumento de los riesgos asociados con la obesidad, y estos pacientes necesitan más evaluaciones y tratamientos agresivos 6.

Asimismo, se ha reportado que, los pacientes obesos también tienen peores resultados con COVID-19, incluida insuficiencia respiratoria, necesidad de ventilación mecánica y mayor mortalidad 7.  Indicando de igual modo que, los médicos deben ser más agresivos al tratar a pacientes obesos, especialmente obesos graves, con COVID-19.

La capacidad máxima de ejercicio determinada a partir de una prueba de esfuerzo antes de la infección por SARSCoV-2 está asociada de forma independiente e inversa con la probabilidad de hospitalización por COVID-19 1. Estos datos respaldan aún más la importante relación entre aptitud cardiorrespiratoria y resultados de salud. Se debe alentar a los pacientes a que realicen ejercicios aeróbicos con regularidad para mantener o mejorar su capacidad de ejercicio.

Son muchos los estudios que respaldan la importancia a determinados tipos de entrenamiento y su efecto protector en relación con diversas enfermedades. Un estudio reciente 8, destaca en en particular, la importancia de la EcSOD (Extracellular superoxide dismutase) del músculo esquelético, que es inducida por el ejercicio de resistencia y redistribuida a través de la circulación a los tejidos periféricos, como un transductor molecular del entrenamiento físico para conferir protección contra el estrés oxidativo y el daño en diversas enfermedades.

Es claro que el estado de nuestro sistema inmune no se ve reflejado solamente en nuestro estado de fitness. La nutrición, el descanso, el stress (en niveles perjudiciales), estados psicológicos, genética, epigenética, entre otros, pueden influir para bien o para mal.

Si bien la evidencia sobre COVID-19, específicamente, es aún muy reciente y las respuestas son individuales, la posibilidad de inclinar estadísticamente la balanza a nuestro favor es provable.

Como bien subraya un médico de nuestro equipo interdisciplinario, vamos marcando o desmarcando casilleros, buenos y malos.

Si hay algo seguro, es que “el casillero” de nuestro estado de fitness siempre es bueno tenerlo completo. Y, por el contrario, los casilleros de una mala composición corporal, nutrición deficiente, y la eterna lista de hábitos asociados con mayor riesgo de padecer diversas patologías, es conveniente conservarlos vacíos.

Referencias:

1.          Brawner CA, Ehrman JK, Bole S, et al. Inverse Relationship of Maximal Exercise Capacity to Hospitalization Secondary to Coronavirus Disease 2019. Mayo Clin Proc. 2021;96(1):32-39. doi:10.1016/j.mayocp.2020.10.003

2.          DeOreo PB. Hemodialysis patient-assessed functional health status predicts continued survival, hospitalization, and dialysis-attendance compliance. Am J Kidney Dis. 1997;30(2):204-212. doi:10.1016/S0272-6386(97)90053-6

3.          Ross R, Blair SN, Arena R, et al. Importance of Assessing Cardiorespiratory Fitness in Clinical Practice: A Case for Fitness as a Clinical Vital Sign: A Scientific Statement from the American Heart Association. Vol 134.; 2016. doi:10.1161/CIR.0000000000000461

4.          Nieman DC. Coronavirus disease-2019: A tocsin to our aging, unfit, corpulent, and immunodeficient society. J Sport Heal Sci. 2020;9(4):293-301. doi:10.1016/j.jshs.2020.05.001

5.          Campbell A, Stevinson C, Crank H. The BASES expert statement on exercise and cancer survivorship. J Sports Sci. 2012;30(9):949-952. doi:10.1080/02640414.2012.671953

6.          Sharma A, Garg A, Rout A, Lavie CJ. Association of Obesity With More Critical Illness in COVID-19. Mayo Clin Proc. 2020;95(9):2040-2042. doi:10.1016/j.mayocp.2020.06.046

7.          Sanchis-Gomar F, Lavie CJ, Mehra MR, Henry BM, Lippi G. Obesity and Outcomes in COVID-19: When an Epidemic and Pandemic Collide. Mayo Clin Proc. 2020;95(7):1445-1453. doi:10.1016/j.mayocp.2020.05.006

8.          Yan Z, Spaulding HR. Extracellular superoxide dismutase, a molecular transducer of health benefits of exercise. Redox Biol. 2020;32(February):101508. doi:10.1016/j.redox.2020.101508

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