En muchos grupos de entrenamiento se repite una escena bastante familiar.
Dos corredores entrenan juntos durante varios meses. Siguen el mismo plan, completan las mismas sesiones y comparten gran parte de sus entrenamientos. Sin embargo, cuando llega el momento de competir, uno de ellos mejora claramente su rendimiento mientras que el otro progresa mucho menos o incluso parece estancarse.
La situación suele generar cierta perplejidad. Si ambos realizaron el mismo entrenamiento, ¿por qué los resultados son tan diferentes?
Durante mucho tiempo se asumió que si un programa de entrenamiento estaba correctamente diseñado, todos los atletas deberían mejorar de manera relativamente similar. Bajo esta lógica, si el entrenamiento era adecuado, las adaptaciones fisiológicas también deberían serlo.
Sin embargo, la investigación científica de las últimas décadas ha demostrado que esta idea es demasiado simplista. Numerosos estudios han observado que las respuestas al entrenamiento pueden variar considerablemente entre individuos, incluso cuando el programa de ejercicio está cuidadosamente estandarizado (Bonafiglia et al., 2021; Ross et al., 2019).
Este fenómeno se conoce como variabilidad interindividual en la respuesta al entrenamiento y se ha convertido en uno de los temas más discutidos en las ciencias del ejercicio en los últimos años.
En un artículo anterior analicé con más detalle por qué algunas personas responden muy bien a ciertos estímulos mientras que otras apenas muestran cambios, incluso cuando siguen exactamente el mismo programa de entrenamiento:
Comprender por qué ocurre esta variabilidad no solo es una cuestión científica interesante. También tiene implicancias muy concretas para entrenadores y deportistas, porque pone en cuestión una idea muy extendida: la existencia de un método de entrenamiento universal que funcione igual para todos.
La ilusión del entrenamiento universal
En el mundo del deporte existe una tendencia bastante marcada a buscar el mejor método de entrenamiento.
A lo largo de los años se han popularizado diferentes modelos y enfoques: entrenamiento polarizado, entrenamiento basado en zonas, intervalos de alta intensidad, grandes volúmenes de trabajo aeróbico o combinaciones de todos ellos.
Cada uno de estos modelos puede ser eficaz en determinados contextos. Sin embargo, la evidencia científica sugiere que la respuesta al entrenamiento no es uniforme entre individuos. Un mismo programa puede producir mejoras importantes en un atleta y generar cambios mucho más modestos en otro.
En otras palabras, el mismo estímulo de entrenamiento puede provocar adaptaciones diferentes dependiendo del organismo que lo recibe.
Por esta razón, la planificación del entrenamiento no debería interpretarse como un guion rígido que debe cumplirse de manera exacta e inalterable. Como ya discutí en otro artículo del blog, los programas eficaces funcionan más como sistemas adaptativos que como recetas inmutables:
Qué significa realmente “variabilidad en la respuesta”
Cuando los científicos estudian los efectos del entrenamiento, suelen analizar cambios en variables fisiológicas que están asociadas con el rendimiento o la salud.
Entre las más utilizadas se encuentran:
- el consumo máximo de oxígeno (VO₂max)
- el umbral de lactato
- la economía de movimiento
- la potencia o velocidad en pruebas contrarreloj
- la fuerza muscular
- la composición corporal
En muchos estudios ocurre algo interesante: aunque el promedio del grupo mejora después del programa de entrenamiento, las respuestas individuales pueden ser muy diferentes.
Algunas personas experimentan mejoras muy grandes, otras muestran mejoras moderadas y algunas apenas parecen cambiar.
Este patrón llevó a los investigadores a utilizar los términos respondedores y no respondedores para describir estas diferencias individuales en la adaptación al entrenamiento.
Sin embargo, esta clasificación ha generado un debate importante en la literatura científica reciente.
El debate sobre los “no respondedores”
Durante varios años se interpretó que algunas personas simplemente no respondían al entrenamiento.
Según esta idea, existirían individuos que, independientemente del programa aplicado, no experimentarían adaptaciones fisiológicas relevantes.
Sin embargo, investigaciones más recientes sugieren que esta interpretación puede ser demasiado simplista. Diversos autores han señalado que la clasificación de “respondedores” y “no respondedores” puede resultar problemática desde el punto de vista metodológico (Pickering & Kiely, 2019).
Una persona puede parecer un “no respondedor” por diferentes motivos. En algunos casos, el programa de entrenamiento es demasiado corto para generar cambios medibles. En otros, la intensidad o el volumen del entrenamiento no son suficientes para provocar una adaptación significativa.
También puede ocurrir que la variable utilizada para evaluar el resultado del entrenamiento no capture completamente las adaptaciones que se produjeron. Por ejemplo, un atleta puede no mejorar su VO₂max pero sí mejorar su economía de movimiento o su rendimiento en competencia.
A esto se suma un aspecto metodológico importante: las mediciones fisiológicas presentan cierto grado de variabilidad y error, lo que puede influir en la interpretación de los resultados (Hecksteden et al., 2015).
De hecho, algunos estudios han mostrado que individuos inicialmente clasificados como no respondedores comienzan a mostrar mejoras cuando se modifica la dosis de entrenamiento, aumentando el volumen o la intensidad del estímulo (Montero & Lundby, 2017).
Esto sugiere que, en muchos casos, el problema no es la incapacidad de adaptación del atleta sino la adecuación del estímulo de entrenamiento.
Factores que pueden influir en la respuesta al entrenamiento
Aunque todavía quedan muchas preguntas abiertas, la investigación científica ha identificado varios factores que pueden influir en la magnitud de las adaptaciones al entrenamiento.
Uno de los más importantes es el nivel inicial del atleta. Las personas con menor experiencia de entrenamiento suelen mostrar mejoras relativamente rápidas cuando comienzan a entrenar. En cambio, los atletas más entrenados tienden a experimentar progresos más pequeños y requieren estímulos más específicos para continuar mejorando.
También existen factores biológicos que pueden influir en la respuesta al entrenamiento. La genética, la edad, el sexo y la composición corporal pueden afectar la forma en que cada organismo se adapta al ejercicio. Sin embargo, aunque estos factores pueden desempeñar un papel relevante, no determinan completamente la capacidad de adaptación al entrenamiento.
Además, el entrenamiento no ocurre en el vacío. El contexto de vida del atleta puede influir de manera significativa en el proceso de adaptación. Variables como la calidad del sueño, la nutrición, el estrés o las demandas laborales o académicas pueden afectar profundamente la recuperación y, en consecuencia, las adaptaciones al entrenamiento.
En deportes de resistencia, la recuperación no es simplemente el tiempo entre sesiones, sino una fase fundamental del proceso adaptativo. En otro artículo del blog analicé con mayor detalle el papel de la recuperación en el rendimiento deportivo:
Por último, un aspecto central es la dosis de entrenamiento. En fisiología del ejercicio existe un principio básico: las adaptaciones dependen de la relación entre el estímulo aplicado y la capacidad del organismo para recuperarse de él.
El volumen, la intensidad y la frecuencia del entrenamiento determinan en gran medida la magnitud de las adaptaciones fisiológicas. En algunos casos, la falta de progreso simplemente refleja que el estímulo aplicado no fue suficientemente grande para ese atleta en particular.
Implicancias para entrenadores y deportistas
Comprender la variabilidad en la respuesta al entrenamiento tiene varias implicancias importantes para la práctica del entrenamiento.
En primer lugar, ayuda a entender por qué los planes genéricos tienen limitaciones. Los programas estandarizados pueden ser útiles como punto de partida, pero no consideran las diferencias individuales entre atletas.
En segundo lugar, pone de relieve la importancia del seguimiento del entrenamiento. Diseñar un plan es solo el primer paso. Lo realmente importante es observar cómo responde el atleta a lo largo del tiempo.
El monitoreo del entrenamiento permite analizar la diferencia entre lo que el atleta hace —la llamada carga externa— y la forma en que su organismo responde a ese estímulo —la carga interna—. Este concepto es fundamental para comprender el proceso de adaptación al entrenamiento:
Por último, este conocimiento refuerza la idea de que el entrenamiento debe entenderse como un proceso dinámico. Los programas de entrenamiento no deberían ser rígidos ni inmutables, sino ajustarse en función de la evolución del atleta, su recuperación y su contexto.
Interpretar adecuadamente estos procesos requiere también aprender a manejar la gran cantidad de información que hoy generan los dispositivos y plataformas de entrenamiento. En otro artículo del blog abordé justamente este desafío:
Conclusión
El entrenamiento deportivo no es una receta universal.
Aunque los principios fisiológicos del entrenamiento están bien establecidos, la forma en que cada organismo responde a un estímulo es única. Por esta razón, dos atletas pueden seguir exactamente el mismo programa y obtener resultados muy diferentes.
Comprender esta variabilidad no significa renunciar a los principios del entrenamiento, sino aplicarlos de manera más inteligente.
En última instancia, el progreso en los deportes de resistencia no depende únicamente de seguir un plan, sino de un proceso continuo que incluye constancia, control, registro, seguimiento y una adecuada individualización del entrenamiento.
Como han señalado varios autores en la literatura científica reciente, el futuro de las ciencias del ejercicio probablemente se orienta hacia enfoques cada vez más personalizados de la prescripción del ejercicio (Ross et al., 2019).
En este sentido, entrenar no consiste simplemente en aplicar métodos, sino en comprender cómo responde cada atleta y ajustar el proceso en consecuencia.
Referencias
Bonafiglia, J. T., et al. (2021). Interindividual variability in the adaptive responses to endurance and resistance exercise training. Frontiers in Physiology, 12.
Hecksteden, A., et al. (2015). Individual response to exercise training – a statistical perspective. Journal of Applied Physiology, 118, 1450–1459.
Montero, D., & Lundby, C. (2017). Refuting the myth of non-response to exercise training. The Journal of Physiology, 595(11), 3377–3387.
Pickering, C., & Kiely, J. (2019). Do non-responders to exercise exist—and if so, what should we do about them? Sports Medicine, 49, 1–7.
Ross, R., et al. (2019). Precision exercise medicine: understanding exercise response variability. British Journal of Sports Medicine, 53(18), 1141–1153.
Sarzynski, M. A., et al. (2022). The HERITAGE Family Study: a review of the effects of exercise training on cardiometabolic risk factors. Journal of Applied Physiology.
Noone, J., et al. (2024). Understanding the variation in exercise responses to guide personalized exercise prescriptions. Cell Metabolism.
Williamson, P., et al. (2017). Inter-individual responses of VO₂max to exercise training: a critical review. Sports Medicine, 47, 1501–1513.
