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Entrenar y practicar deporte en el calor en niños y adolescentes: una guía basada en evidencia

El ejercicio y el deporte al aire libre son fundamentales para el desarrollo físico, social y emocional de niños y adolescentes. Sin embargo, cuando estas actividades se realizan en ambientes calurosos o húmedos, el organismo se expone a un estrés térmico adicional que requiere atención específica.

A diferencia de los adultos, los niños y adolescentes presentan características fisiológicas, conductuales y contextuales propias que influyen en su respuesta al calor. Por este motivo, entrenar o competir en altas temperaturas exige adaptaciones concretas y supervisión adulta, respaldadas por la evidencia científica disponible (American Academy of Pediatrics [AAP], 2011; Falk & Dotan, 2008).

El objetivo de este artículo es brindar una guía clara y basada en literatura científica actual, orientada a padres, madres y entrenadores, para favorecer una práctica deportiva segura y responsable en condiciones de calor.


¿Por qué el calor representa un desafío particular en niños y adolescentes?

Durante el ejercicio físico, el cuerpo genera calor metabólico que debe disiparse para mantener una temperatura interna compatible con el funcionamiento normal. En ambientes calurosos, húmedos o con alta radiación solar, esta disipación se ve comprometida.

En comparación con los adultos, los niños y adolescentes presentan (Falk & Dotan, 2008; AAP, 2011):

  • Menor tasa absoluta de sudoración.
  • Mayor relación superficie corporal–masa, lo que puede favorecer la ganancia de calor desde el ambiente.
  • Menor capacidad para reconocer y comunicar síntomas tempranos de fatiga térmica.
  • Mayor dependencia del entorno y de los adultos para regular pausas, hidratación y carga de ejercicio.

Estas diferencias no implican que los niños no puedan hacer ejercicio en el calor, sino que requieren ajustes específicos y un control más cuidadoso.


Factores que aumentan el riesgo durante el ejercicio en el calor

La evidencia científica identifica múltiples factores que incrementan el riesgo de problemas relacionados con el calor en niños y adolescentes:

  • Falta de aclimatación previa al ambiente caluroso.
  • Deshidratación o acceso limitado a líquidos.
  • Enfermedad reciente, fiebre o malestar general.
  • Falta de sueño.
  • Uso de ropa o equipamiento que dificulta la disipación del calor.
  • Horarios de entrenamiento cercanos al mediodía.
  • Composición corporal, especialmente el sobrepeso u obesidad.

Estudios experimentales han demostrado que niños con mayor masa corporal pueden alcanzar antes límites críticos de estrés térmico, incluso cuando están aclimatados al calor, lo que refuerza la necesidad de considerar las características individuales y evitar enfoques generalizados (Dougherty et al., 2010; Leites et al., 2013).


Señales de alarma: cuándo detener la actividad

Reconocer de manera temprana los signos de intolerancia al calor es clave para prevenir complicaciones mayores. Padres, madres y entrenadores deben estar atentos a (AAP, 2011; Lawrenz, 2019):

  • Fatiga excesiva o debilidad marcada.
  • Mareos, dolor de cabeza o sensación de aturdimiento.
  • Náuseas o vómitos.
  • Cambios de conducta, confusión o irritabilidad inusual.
  • Escalofríos, piel muy enrojecida o, por el contrario, pálida.
  • Disminución evidente de la coordinación o del rendimiento.

Ante la aparición de cualquiera de estos signos, se recomienda interrumpir la actividad de inmediato, trasladar al niño o adolescente a un lugar fresco, iniciar medidas de enfriamiento e hidratación y, si los síntomas no revierten rápidamente, consultar a un profesional de la salud.


Aclimatación al calor: adaptación progresiva y supervisada

La aclimatación al calor consiste en una exposición gradual y controlada a ambientes calurosos, que permite al organismo desarrollar adaptaciones fisiológicas destinadas a mejorar la tolerancia al estrés térmico.

En niños y adolescentes, este proceso debe ser conservador y cuidadosamente supervisado, generalmente a lo largo de 7 a 14 días, ajustando de forma progresiva:

  • La duración de las sesiones.
  • La intensidad del ejercicio.
  • El volumen total de entrenamiento.

Si bien existen estudios que muestran que pueden producirse adaptaciones al calor en niños, estos hallazgos no justifican entrenamientos intensos o prolongados en ambientes calurosos. El objetivo principal de la aclimatación es reducir el riesgo, no maximizar el rendimiento (Inbar et al., 1981; AAP, 2011).


Hidratación: un pilar central de la prevención

La hidratación adecuada es una de las estrategias más eficaces para reducir el riesgo asociado al ejercicio en el calor. Las recomendaciones actuales enfatizan (AAP, 2011; Lawrenz, 2019):

  • Acceso libre y frecuente a agua antes, durante y después de la actividad.
  • Pausas programadas para beber, sin esperar a la sensación de sed.
  • Supervisión activa por parte de adultos, especialmente en niños más pequeños.
  • Ajustar la ingesta de líquidos según la duración del ejercicio, la intensidad y las condiciones ambientales.

Evidencia reciente confirma que la deshidratación puede desarrollarse rápidamente en niños y adolescentes durante el ejercicio en calor, afectando negativamente la termorregulación y aumentando el riesgo de intolerancia térmica (Smallcombe et al., 2025).


Condiciones ambientales: más allá de la temperatura

La temperatura ambiente por sí sola no refleja completamente el estrés térmico al que se expone el organismo. Factores como la humedad, la radiación solar y el viento influyen de manera significativa.

Por este motivo, se recomienda utilizar índices compuestos como el WBGT (Wet Bulb Globe Temperature) para orientar decisiones sobre la modificación, reducción o suspensión de actividades deportivas. Estudios realizados en contextos reales, como entrenamientos de fútbol en verano, muestran que incluso sin temperaturas extremas el estrés térmico puede ser relevante en niños, lo que refuerza la necesidad de criterios ambientales prudentes y adaptados (Satow et al., 2025).


Estrategias prácticas para reducir el riesgo

Desde un enfoque preventivo, la literatura científica sugiere implementar medidas simples y efectivas:

  • Programar entrenamientos y competencias en horarios más frescos.
  • Aumentar la frecuencia y duración de las pausas.
  • Reducir la densidad de los ejercicios o juegos.
  • Facilitar zonas de sombra.
  • Utilizar ropa liviana y transpirable.
  • Aplicar estrategias básicas de enfriamiento durante los descansos, como toallas húmedas o agua fresca.

Estas acciones, sostenidas en el tiempo, pueden marcar una diferencia significativa en la seguridad de la práctica deportiva infantil (AAP, 2011; Lawrenz, 2019).


Conclusión

La práctica deportiva en niños y adolescentes puede realizarse de forma segura en ambientes calurosos, siempre que se respeten principios básicos de prevención, supervisión y progresión. La evidencia científica disponible respalda un enfoque equilibrado, donde la prioridad sea la salud y el desarrollo a largo plazo, por encima de cualquier objetivo inmediato de rendimiento.

Padres, madres y entrenadores cumplen un rol central en este proceso: observar, ajustar cargas, reconocer señales de alarma y crear entornos seguros donde el deporte sea una experiencia positiva y formativa.


Referencias

American Academy of Pediatrics, Council on Sports Medicine and Fitness, & Council on School Health. (2011). Policy statement—Climatic heat stress and exercising children and adolescents. Pediatrics, 128(3), e741–e747. https://doi.org/10.1542/peds.2011-1664

Dougherty, K. A., Chow, M., & Kenney, W. L. (2010). Critical environmental limits for exercising heat-acclimated lean and obese boys. European Journal of Applied Physiology, 108(4), 779–789. https://doi.org/10.1007/s00421-009-1269-5

Falk, B., & Dotan, R. (2008). Children’s thermoregulation during exercise in the heat—A revisit. Applied Physiology, Nutrition, and Metabolism, 33(2), 420–427. https://doi.org/10.1139/H07-185

Inbar, O., Bar-Or, O., Dotan, R., & Gutin, B. (1981). Conditioning versus exercise in heat as methods for acclimatizing 8- to 10-year-old boys to dry heat. Journal of Applied Physiology, 50(2), 406–411. https://doi.org/10.1152/jappl.1981.50.2.406

Lawrenz, W. (2019). Exercise in the heat for children and adolescents. Deutsche Zeitschrift für Sportmedizin, 70(9), 215–221. https://doi.org/10.5960/dzsm.2019.384

Leites, G. T., Sehl, P. L., Cunha, G. S., & Meyer, F. (2013). Responses of obese and lean girls exercising under heat stress. The Journal of Pediatrics, 163(4), 1050–1055. https://doi.org/10.1016/j.jpeds.2013.05.013

Satow, M., Kubo, T., Yamada, Y., & Inoue, Y. (2025). Impact of summer heat on male children’s physiological responses during football training. Environmental Research, 286(Part 1), 122725. https://doi.org/10.1016/j.envres.2025.122725

Smallcombe, J. W., Taylor, L., Morrison, S. A., & Duffield, R. (2025). Thermoregulation and dehydration in children and youth. British Journal of Sports Medicine. Advance online publication. https://doi.org/10.1136/bjsports-2024-108637